Los Alumnos





Reflexión

Angelina Hernández (Alumna de la Cátedra - 2015)

Llegado este punto de mi carrera yo me pregunto… ¿qué es para mí el hombre? ¿qué es para mí el mundo? ¿existe el hombre? ¿existe el mundo? ¿es todo construido o existe una realidad? ¿estamos determinados o somos libres? ¿estoy realmente conociendo o todo es una farsa en la que nunca voy a poder saber ninguna verdad ni conocer nada? ¿la vida es pura pasión, pura dispersión, o hay una razón, un orden interior, un yo? ¿tiene la vida un sentido? ¿existe un Dios?   Y podría seguir… 

Pero yo a lo largo de toda mi vida y cada día de la misma he elegido, y a su vez me han enseñado, he vivido y he aprendido cosas… con todo eso, hoy tengo ciertas concepciones de hombre y de mundo.

Es difícil poder definir algo porque uno siente que nunca puede terminar de conocer. Que siempre se puede descubrir algo nuevo, comprender algo anteriormente oculto a nuestros ojos. La realidad y el hombre son tan extremadamente complejos que es difícil siquiera concebir en la mente todas las aristas que se tienden a convertir en hilos entrelazados y curvos. Así de complejo…

Y me pregunto…

¿Existe Dios?

Para comenzar, tengo que decir que creo en la existencia de Dios. De un Creador y Señor del universo, de un Dios amoroso. Debo decir que mi labor profesional se va a ver totalmente influida por mi fe. Más allá de que yo no mezcle mi fe con la de mis pacientes, mi concepción de la vida y de las cosas cambia. Y mi proceder terapéutico no va a ser el mismo que el de otro psicólogo que no tenga fe en Dios.  

¿Y qué es la realidad? ¿Existe la realidad?

Creo que existe una realidad. Una realidad independiente de mi… digamos que tengo una concepción realista. Más allá de que no niego cierto constructivismo. Es cierto que construimos al aprender, que cada uno puede construir diferentes perspectivas de los hechos. El misterio de la subjetividad humana... Es lo más complejo que existe en este mundo terreno, por eso es tan difícil la psicología… pero más allá de esas construcciones y de esa subjetividad, creo en la realidad exterior. Creo que existe esa realidad y que hay cosas que todos somos capaces de conocer, de inteligir y sentir. 

Y también me pregunto… ¿qué es el hombre?

Considero que el hombre posee una esencia, pero también posee existencia. No creo que una preceda a la otra. Considero que se dan ambas juntas. Cada uno posee una esencia o naturaleza, pero también posee libertad, también posee singularidad. Nadie es igual a otra persona.  Cada uno construye su propia historia. Pero cada uno construye su historia con lo que trae y en relación a otros y a un contexto determinado.

Existe una constante interacción entre lo dado, lo adquirido y la autodeterminación (según palabras de un profesor).

En esta naturaleza o esencia considero la existencia de una dimensión espiritual, una dimensión afectiva y una dimensión vegetativa. Y todas ellas integradas. Y el gran desafío del hombre es poder vivir expresando todas ellas, en relación a otros. El hombre nunca es solo para sí, sino que se trasciende, necesariamente es en un mundo y con otros. 

No estoy a favor de ninguna teoría reduccionista o extremista. Creo en la integración del hombre. Por eso el hombre es tan complejo y a la vez misterioso. Y por eso nunca se puede describir y captar totalmente sin que algo se nos escape. La libertad humana es una característica que lo hace tan particular, que lo puede llevar a elevar todo su ser, o a destruirlo. Y seguiría siendo hombre. Pero como dije, creo que existen cosas que lo hacen más pleno, creo que la dimensión espiritual es superior a las demás, porque es lo que nos hace humanos.  Eso no hace que no sean importantes las demás. Pero si nos olvidamos de la espiritual nuestra humanidad se va desvaneciendo… nos vamos volviendo más animales, nos vamos a terminar destruyendo… Sin embargo… la dimensión espiritual necesita de la afectiva. ¿Qué sería de la vida sin la pasión?

Los afectos se elevan con el espíritu. Sería algo así como la pasión guiada por el espíritu termina en amor humano…  y ahí es cuando el hombre logra las más grandes cosas. Cuando los afectos del ser humano van de la mano con sus capacidades espirituales, cuando una persona puede ser en cada momento de la mejor forma que puede ser, porque hace todo por y con amor: Puede ser dura en una situación y dulce en otra, puede ser fuerte pero también frágil, puede disfrutar pero también sacrificarse, puede hablar y también callar, puede ganar y perder, esperar y actuar, alegrarse y sufrir, ser firme y luego misericordiosa… es la sabiduría de ese equilibrio entre el espíritu y la afectividad, es madurez, es lo más parecido a lo que la Iglesia católica llamaría santidad (si se suma la vida en Gracia). Y sin embargo, el hombre nunca termina de ser… nunca llega a la perfección, pero el secreto es ir en busca… es ir en camino, es luchar, amar, es nunca dejar de preguntarse, es querer superarse cada día, llegar lo más cerca posible… 

Poder ayudar a las personas a lograr eso, es mi vocación. Es ayudar a que logren ser sanas, que haya armonía, aunque de vez en cuando pueda haber descontrol y euforia o melancolía. Es ayudar a que encuentren el sentido y la singularidad de cada uno, sin dejar se buscar su fin último.

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